Cartas a la oscura luz del sol
La tenue luz azul que brotaba de aquella vela, humedecía la habitación y quemaba las gotas de sangre que derramaban mis ojos huecos. Como olvidar aquel cuervo en mi hombro, de un color negro profundo que al verlo te nubla la vista con un gas de lamentos y sollozos desgarradores, luego de soñar lo ya dicho. Mi día comenzó con lágrimas y con una vos entre cortada que me alertaba de aquellos ojos rojos que me observaban desde lo mas profundo de mi ser, mi angustia y miedo aumentaron en la tarde cuando las voces que escuchaba comenzaron a gritar como si el alma fuese arrancada del cuerpo.
Sin querer la pensé y al llegar a casa el vacío se hizo agudo y se transformó en un alambre de púas que rasgaba mis cuerdas vocales.
Mis ojos al ver aquella luz brillante de nuestro pasado (mi presente y tu pasado), quedaron cegados y aquella brillante luz atravesó el cuerpo hasta llegar a mi alma, mis ojos no paraban de sangrar, pues tal es mi sufrimiento por no tenerte, por saber que me lees y aún así tu indiferencia no cesa.
De un momento a otro un cosquilleo se hizo en mis brazos... De cosquilleo a llamas intensas color verde, se me hizo tan familiar aquel color... Tan especial que desprendía un olor familiar, pues bien, mientras la sangre derramada de mis ojos empapó mi cuerpo y algo más... Pude reconocerlo, era el olor de tu presencia, aquel color tan precioso como los campos más hermosos... Aquel verde perfecto. Era solamente de tí.
Al levantar la cabeza, noté la gran inmensidad del cielo, acompañado por una luna azul que desprendía por aquel lugar un aroma de tristeza y melancolía... las estrellas lloraban y caían en forma de lluvia, mojando mis prendas, rozando como plumas tu bello cuerpo...
Pues al escuchar aquellas sirenas y ver esas luces tan extrañas salí del trance en el cual me embarque al llegar a tu casa... Mi antigua casa... los recuerdos son vagos, aun así llegan cuando deben.
Al llegar encontré tu cama vacía, aquellos tendidos blancos intactos... como la piel de tu cuerpo cuando te encontré ahorcada en tu jardín trasero, en aquel árbol viejo que siempre había desprendido un olor agradable a muerte.
No resistí, al ver tus ojos... tus dulces ojos inexpresivos, mi alma salió de mi cuerpo y atravesó todo de mí y de aquel momento... Y así fue como desprendí tus ojos de su lugar, los lamí y admiré, pero aquel acto despertó en mí una gran tristeza ya que no te volvería a ver, ni tocar, ni sentir jamás.
La idea de olvidarte era imposible, pues me negué a hacerlo.
Arranqué delicadamente la piel de tu cuerpo y la puse en el corto césped, la olí y toqué, pero la maldita sangre no paraba de salir y manchaban tu dulce piel blanca, tanto como los polos.
Aquel hormigueo que se convirtió en ardor era el dolor intenso por haber arrancado mis brazos, pues no pude soportar lo que le había hecho a tu hermosa piel, me odie tanto en aquel momento que con aquella máquina arranqué mis brazos...
El dolor me arropó y la desesperación me consumió, caí al suelo rodeado por gritos y sollozos.
Por personas y luces desconocidas, por las lagrimas de las estrellas y por la luz que brotaba del sol que asomaba los ojos entre las montañas... el sol, el cual se refugio en la ira al ver tal acto, hizo arder aquel lugar así como tu ardías en mi.
Hasta ahora es una de mis favoritas :'3
ResponderEliminarWow , me encanta
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